También mira a la gente
Según Juan hubo momentos en que a Jesús le seguía mucha gente. Pudo
desentenderse de ella, pero no lo hace porque la gente merece su atención:
“Jesús levantó los ojos y, al ver la mucha gente que acudía” (Jn. 6, 3-5; Mc. 9, 25; Mt. 5, 1) lo primero que hace
es preocuparse de sus necesidades. Es lo que descubre su mirada, no se queda en
un simple ver, sino que trata de buscar remedio a la necesidad que descubre.
Otras veces, al ver a la gente “vio Jesús mucha gente, les dio lástima de
ellos porque andaban como ovejas sin pastor” (Mc. 6, 33-34), otras “viendo al gentío, le dio
lástima de ellos, porque andaban maltrechos y derrengados, como ovejas sin
pastor” (Mt. 9, 36). Este abandono
de sus pastores que sufren, Jesús lo siente más que nadie porque, como dice
Juan: “yo soy el modelo de pastor; conozco a las mías y las mías me conocen a
mí… me desprendo de la vida por las ovejas” (Jn. 10, 14-15). Con un pastor así, que conoce a sus
ovejas, no sólo las ve y las mira, sino que las conoce, sabe de su naturaleza,
de sus limitaciones y necesidades, de su relación con ellas, no puede
extrañarnos que sienta compasión de aquellas que sufren el abandono de sus
pastores. Y no se queda sólo en la compasión sino que trata de solucionar la
situación en la que viven, dando todo lo que tiene para lograrlo: “el pastor
modelo se desprende de su vida por las ovejas” (Jn. 10, 11).
En otras ocasiones su mirada descubre el interior de las personas, no quedándose
solamente en lo externo. Así, a los que le llevan a un paralitico, y se lo
ponen delante, descolgándolo desde el tejado los ve en su interior: “viendo
Jesús la fe que tenían” (Mc. 2, 5). Responde a ella perdonando los pecados al paralítico y curándolo de su
postración.
Ese mirar al interior de la gente otras veces le lleva a observar lo que
hacen y como lo hacen. Así “sentándose enfrente de la sala del Tesoro,
observaba como la gente iba echando dinero en el cepillo, los ricos echaban en
cantidad, una viuda pobre echó sólo unos cuartos”. La mirada hacia el interior
descubre ante los discípulos “que esa viuda, que era pobre, ha echado en el
cepillo más que nadie, os lo aseguro” (Mc. 12, 41-44), porque aquellos dan de lo que les sobra, mientras que ella ha echado de
lo que le hace falta.
En otras circunstancias, también se fija en costumbres y prácticas que
velan o entorpecen la manifestación de la verdad en acontecimientos
importantes. Así, cuando va a atender a la hija de un personaje “Jesús llegó a
casa del personaje y al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
¡Fuera, que la chiquilla no está muerta, está dormida! Ellos se reían de Él” (Mt. 9, 23-24). Jesús ve la costumbre como un
impedimento para descubrir la verdad de lo que está sucediendo.
Otras veces, cuando quiere dar una enseñanza solemne pasea su mirada
alrededor –“y paseando la mirada por los que estaban sentados en el corro”- (Mc. 3, 34) da la enseñanza. La mirada solicita la mayor atención de
los que escuchan, porque Jesús ha puesto la máxima atención en ellos al
mirarlos. No es un charlatán que suelte el consabido rollo.
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